Modelo de “Crecimiento Hacia Fuera” o “Neoliberal”
Se planteó entonces la necesidad de adoptar una nueva estrategia encaminada a
generar las condiciones que impulsaran el crecimiento autosostenido de la economía mexicana, ante ello debían corregirse las limitaciones que generó el esquema
anterior en materia de concentración de la riqueza, ineficiencia productiva, sesgo
antiexportador y baja capacidad de ahorro interno. En el nuevo modelo se propuso
otorgar un papel protagónico al mercado en la asignación de los recursos, incrementar la participación de los agentes privados en las decisiones económicas e
incorporarse a la creciente integración económica mundial, con el propósito de
mejorar la eficiencia y competitividad de la planta productiva nacional.
En especial para México era indispensable reforzar sus vínculos comerciales con los EUA, tomando en cuenta que esta economía, además de ser la más
grande del mundo, mantendría esa posición a lo largo de las próximas décadas, por
lo que su peso específico en materia de intercambio comercial y de capitales es
sumamente elevado a nivel mundial.1 Situación que se comprueba al observar el
importante flujo de mercancías y de inversión productiva que este país sostiene con
naciones ubicadas a millares de kilómetros de sus fronteras.
Para la instrumentación de la nueva estrategia se definieron dos vertientes
que se complementarían entre sí y sobre las cuales se actuaría en forma simultánea:
a) la estabilización macroeconómica y b) la modernización de la economía nacional. La primera se orientó básicamente a reducir la inflación y a corregir los precios
relativos, y consistió en contener la demanda agregada, para lo cual se buscó reducir el gasto público e incrementar los ingresos, además de que se procuró moderar el crecimiento salarial y fomentar el ahorro interno. Asimismo, se propuso ajustar
la paridad cambiaria en sus niveles reales, y desalentar así las importaciones y
reducir los desequilibrios en el comercio exterior.
Para el combate a la inflación se definió como factor fundamental la corrección de las finanzas públicas, toda vez que se identificó que el origen del crecimiento de los precios era el elevado déficit fiscal que propiciaba un consumo por
encima de las posibilidades reales del aparato productivo nacional, dando lugar a
presiones sobre la oferta interna y al crecimiento de las importaciones sin una
contraparte exportadora. Esto generaba desequilibrios en materia de comercio exterior y promovía un creciente endeudamiento externo, que al encarecerse, conducía
a devaluaciones que repercutían en mayores tasas inflacionarias.
Igualmente, al demandar recursos crediticios internos para su financiamiento, el déficit público provocaba el alza de las tasas de interés y restringía el
acceso de las empresas productivas al mercado financiero, afectándose de esta forma el crecimiento de la oferta de bienes y servicios, provocando una elevación
de precios cuando su financiamiento se llevaba a cabo mediante la emisión de
circulante.
Tomando en cuenta lo anterior, se regresó al esquema estabilizador en
materia de política fiscal y monetaria, pero se rompió drásticamente con la política
de protección comercial, de control de tipo de cambio, de excesiva regulación a la
inversión extranjera, de salarios y de precios agropecuarios.

Comentarios
Publicar un comentario